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El concepto de préstamo y otros términos interrelacionados

El termino préstamo crea bastante polémica por su amplio y ambiguo significado, ya que como afirma Castillo Carballo (2006: 6) se suele utilizar para hacer referencia a cualquier elemento que surja como resultado de las relaciones interlingüísticas, con independencia de todas las puntualizaciones efectuadas. Del mismo modo, Gomez Capuz (2005: 9-10) señala que el concepto de préstamo resulta bastante ambiguo al ser un reflejo de los contactos entre las distintas sociedades y culturas, por lo que, al mismo tiempo, está relacionado con una multiplicidad de fenómenos como extranjerismo, calco, préstamo semántico, etc.

Sin embargo, otros autores como Louis Guilbert (1975: 92-93) usan el término extranjerismo para nombrar a las palabras procedentes de otras lenguas y distingue tres categorías por el grado de integración en la lengua: préstamos, xenismos y peregrinismos. El primero de ellos, estaría compuesto por extranjerismos que son plenamente aceptados por la sociedad, por lo que su uso se generaliza, y aparecen sin mayores problemas en los diccionarios de la lengua (jamón, guerra, tambor, izquierda). El uso de peregrinismos, por su parte, está generalizado entre los hablantes, pero estos siguen sintiéndolos como extranjeros, pero no tienen ningún problema para emplearlos ni para entenderlos (aftersun, crack, gay). Por último, los xenismos son aquellos que se mantienen como tales en la lengua, y los hablantes los tienen y reconocen fácilmente como extranjerismos (freak, reach, rider) (Alvar Ezquerra, 2005: 13).

Bizcarrondo y Urrutia (2010: 249) también utilizan el término extranjerismo para nombrar un tipo especial de neologismos que lo constituyen las voces procedentes de otros idiomas. Seco (1977: 197) señala que atendiendo al grado de su incorporación, y desde un punto de vista sincrónico, hay que distinguir entre las voces extranjeras que el idioma ha asimilado totalmente a su sistema, y los que acusan en los hablantes una conciencia de que emplean una palabra extranjera; es decir, hay que distinguir entre préstamos y extranjerismos respectivamente.

En cuanto al origen de los préstamos y extranjerismos, pueden tener diversa procedencia, pero si reparamos a los extranjerismos más recientes, podemos observar que la mayor cantidad son anglicismos, por la importancia que ha adquirido esa lengua en las relaciones internacionales (Castillo Carballo, 2005: 15). En el caso del español, debido a que en ciertas comunidades del Estado hay otras lenguas aparte de ésta (como son el catalán, gallego y el euskera entre otras), lo que lleva al intercambio mutuo de palabras. El español contiene tanto préstamos como extranjerismos de estas lenguas, si tenemos en cuenta el grado de incorporación a la lengua. Son préstamos del catalán: clavel, cordel, fango y semblante. Del gallego: arisco, chubasco, corpiño y morriña. Del euskera: aquelarre, cencerro, chabola e izquierda. Esto son solo unos ejemplos de palabras perfectamente asimiladas por el español. Por otro lado, tenemos extranjerismos como podrían ser: chistu, ikurriña o lendakari. Algunas de ellas son recogidas con la grafía original y otras con la del español: chistu/txistu, ikurriña o lendakari/lehendakari. Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, «una incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios» o «extranjerismos no incorporados totalmente al idioma» es un barbarismo.

Castillo Carballo (2006: 7) hace una calificación bastante homogénea según la procedencia de estas voces no patrimoniales, denominándolas prestamos culturales históricos. Los vocablos prerromanos, incluyen antiguas voces ibéricas, celticas y celtiberas como: barranco, perro y arroyo… Los vocablos germánicos, penetraron en el latín vulgar con la invasión de la península por parte de pueblos germánicos en el 409. La mayor parte de estos vocablos procedía del vocabulario militar, de la construcción del afectivo, del derecho y del relacionado con el vestido: guerra, falda, feudo, orgullo… Los arabismos ejercieron gran influencia en el español tras el latín: atalaya, alubia, albañil, ajedrez, cifra, elixir, bazo, auge, baladí, gandul, azul… Los indefinidos fulano y mengano. También hay palabras procedentes de lenguas del sur de Francia que se denominan occitanismos: antorcha, mensaje e incluso el propio término español, del provenzal espaignol. En el periodo medieval se adoptaron gran cantidad de palabras francesas, o galicismos, como: flecha, cable o jamón. Posteriormente otras como fresa, crema, croqueta o patriota.

La Academia de la Lengua Española va recogiendo en su diccionario las nuevas palabras que el español va adquiriendo, siempre que respondan a los criterios de necesidad, comprensión y extensión. Muchas de estas palabras se castellanizan, otras sin embargo no; se mantiene su grafía original y se recomienda siempre marcarlas con cursiva o ponerlas entre comillas para reconocerlas. Hay casos en los que no existe la palabra española (eslogan, neceser, puzle), por lo que las apalabras de adaptan al idioma. En otras ocasiones, las palabras tienen su equivalente en español. Del mismo modo, en cuanto al uso de estas palabras, Bizcarrondo y Urrutia (2010: 250) recomiendan no abusar de estos términos y siempre que sea posible poner el término español.

Referencias:

  • Castillo Carballo, María Auxiliadora: El préstamo lingüístico en la actualidad. Los anglicismos. Madrid: Liceus, 2006.
  • Gómez Capuz, Juan: La inmigración léxica. Madrid: Arco/Libros, 2005.
  • Guilbert, Louis: La créativíté lexícale. París: Larousse, 1975.
  • Alvar Ezquerra, Manuel: El neologismo. Concepto, formación y aceptabilidad. Madrid: Liceus, 2005.
  • Bizcarrondo Ibañéz, Gema, y Urrutia Cárdenas, Hernán: Escribir y editar: Guía practica para la redacción y edición de textos. Bilbao: Universidad de Deusto, 2010.
  • Seco, Manuel: «El léxico de hoy» en Comunicación y lenguaje. Madrid: Karpos, 1977.
  • Castillo Carballo, María Auxiliadora: El neologismo. Concepto, formación y aceptabilidad. Madrid: Liceus, 2005.
  • Real Academia Española. Diccionario de la lengua española, 22. ª ed., Madrid, 2001.
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